A dos años del asesinato del David Fremd en Paysandú

09/Mar/2018

Semanario Hebreo, Por Ana Jerozolimski

A dos años del asesinato del David Fremd en Paysandú

Escribimos estas líneas con una mezcla de
dolor y rabia, y la verdad, con sentimientos encontrados. Las escribimos
convencidos de que no se podía dejar pasar el 8 de marzo, aniversario del
asesinato de David Fremd sin elevar un homenaje en su recuerdo. Por lo que él
fue como ser humano y por el significado del atentado motivado por el odio
irracional. Pero al mismo tiempo sabemos que para sus seres más queridos y
cercanos, su esposa, sus hijos, sus hermanos y respectivas familias, la fecha
redonda es sólo un símbolo. La falta, el vacío, la nostalgia y el recuerdo son
seguramente permanentes. No precisan de actos, ni comunicados, ni ceremonias.
David estará en ellos por siempre.
Y con estas líneas, quisiéramos
acompañarlos en el dolor.
Es ineludible recordar lo que escribió
Guille, su hijo mayor, pocos días después del asesinato: «A papá no lo
mató un loco suelto». Es importante recordarlo mientras sigue habiendo
extremistas de mente deformada por el odio, antisemita por cierto en este caso,
de raíces nacidas en la radicalización islámica. Empuñar un arma para quitar la
vida a un compatriota simplemente por ser judío, es aberrante.
Es importante recordarlo cuando aún no hay
determinación definitiva acerca de la imputabilidad del asesino. Y lo central
sería saber en qué medida las autoridades investigaron si quien acuchilló de
muerte a David actuó realmente solo. Esto no necesariamente significa si era
miembro de una célula o una organización radical, sino dónde y a través de
quién se nutrió en ese odio.
Pero hoy no queremos limitarnos a este
aspecto. Hoy queremos más que nada, recordar a David. Su figura, la impronta
que dejó en la sociedad, eso de por sí destaca lo terrible del crimen, la
sinrazón del odio.
Dicen que hay gente que no termina nunca de
morir, porque su paso por este mundo no fue en vano. Y David, que tanto
disfrutaba del «juntos», de las reuniones familiares más que nada, de
los encuentros con amigos y en comunidad, nunca será olvidado. Por eso, nunca
terminará de morir…aunque flaco consuelo es esto para su familia que ya no lo
puede abrazar.
En aquellos días de marzo del 2016, nos
contactamos con varios amigos sanduceros de David, quienes a distintos niveles
compartieron con nosotros su trocito de recuerdo. Rossana Migliónico, una de
las facilitadoras de aquella imponente «Marcha del Silencio» por las
calles de Paysandú («facilitadora» decimos, ya que aunque organizó
gran parte, recalcaba constantemente que la iniciativa había salido de la
gente, espontáneamente), nos contó entre otras cosas sobre comentarios y
mensajes que había recibido de muchos sitios.
«Hubo un mensaje que vino de Orgoroso,
que es un pueblo pequeño que está a unos cuantos kilómetros de la ciudad de
Paysandú, para el lado este de la ciudad. De ahí, una mujer me pone: ´Te
escribo desde Orgoroso, este pueblito tan humilde. No piensen que solo ustedes
están dolidos, nosotros también estamos llorando a David, porque acá lo
queríamos mucho, porque era un hombre que nunca nos dejó de a pie con lo que
precisáramos, y siempre sin pedirnos ni referencias comerciales ni recibos de
nada´. Es así todo el tiempo».
Días después del asesinato, reprodujimos en
«Semanario Hebreo» mensajes de sanduceros en las redes sociales.
Muchos de ellos expresaban solidaridad con la comunidad judía y repudio de
Paysandú todo, recalcaban la necesidad que todos expresen juntos el rechazo del
crimen. También hoy es importante recordarlo ya que debe estar claro que el
odio corrompe a la sociedad toda, la enferma, no solamente a la víctima
elegida.
Pero lo que quisiéramos hoy volver a
compartir son algunos mensajes que se referían a lo que David dejó en el
entorno en el que vivió.
Adolfo Daniel Lokais González escribió:
«Hace más de 30 años había una tienda en el centro de Paysandú. Yo quería
comprarme un vaquero que estaba de moda en ese tiempo. Fui y lo miré varias
veces, pregunté el precio pero la plata no me alcanzaba. Yo tenía en ese
entonces 18 años. El vendedor me preguntó si trabajaba y yo le dije que sí. Y
le dije dónde. Entonces me dijo: ´loco, llevate ese vaquero y cuando tengas
plata venís y lo pagás´. Le dije que para mí era casi mi sueldo de un mes y me
dijo ´pagalo de a poco´. Allí logré sin querer mi primer crédito comercial. Así
era David, pierna y espontáneo. Mis condolencias para su
familia…Q.E.P.D».
Y Mariano Barcelo Merlo escribió:» Mi
maestro, sé que no vas a poder leer esto pero quiero que la gente sepa la
excelente persona que fuiste. Me acuerdo como si fuese ayer cuando fui ese 11
de agosto con 13 años a La Popular a pedir si no había algún trabajito de
repartir folletos o algo así. Me dijiste ´déjame tu número y te aviso´. A los
días me suena el celu y ahí arrancó nuestra amistad que no termina acá y será
eterna. Gracias a vos y mis padres hoy soy un hombre derecho».
David no será olvidado nunca, no por la
forma terrible en que murió, sino por la forma digna en que vivió.
Bendita sea su memoria.